Con el miedo por detrás y por delante nos limitamos a mirarnos, a decirnos lo que realmente sentíamos.
Un día estalle, pensando en que me merecía ser feliz. Un "te amo" salio disparado de mi boca, casi enfermo del tiempo que estuvo esperando en poder salir de mi alma, casi ciego por el profundo sentimiento de agonia que le provocaba el hecho de saber que quizás jamás volvería a salir de su trampa de acero.
Otra vez me vuelvo a sentir como una estúpida, pero una estúpida feliz, porque ya no me importa mas que tu alegría. Vivo de tus sonrisas, de tu alegría, de tus palabras, de tus virtudes y de tus defectos. Vivo de tu elegancia, de tu salvajismo, de tus pensamientos, de tus planteamientos. Vivo...Vivo...Eternamente tuya...