A veces me pongo a pensar en lo triste que es ver como personas pierden su tiempo, comentando y discutiendo cosas que realmente no valen la pena. Se arman grandes prejuicios y peleas a cerca de "Quién es más pelotudo", "Este no la pone", "Tal se casó con cual", nos importa tanto o más la vida ajena que la propia. Ojo, es genial poder fijarse en los demás y no ser el ombligo del mundo, pero Vamos! De qué carajo sirve discutir esas pelotudeces? O a caso tu comentario va a hacer que el pelotudo sea menos o más pelotudo, sin ponerte en el papel de pelotudo por haber comentado semejante pelotudes. A caso sos el guro del sexo, que tu comentario lograría que el pobre pibe tenga un poco más de acción por año? NOOOO!! De qué sirve? No sirve de nada...
Obviamente, yo también estaría haciendo de una ínfima cuestión, algo de tema realmente relevante en nuestras vidas pero que sabemos en el fondo que poco importa. Creo fervientemente, que habría que educar a nuestros dedos, para que no siempre escribiesen lo que uno piensa, supone, opina, confirme, etc... Mas creo que todo esto puede ser una simple replica de lo que sucede en nuestras vidas, o lo que sentimos pero no decimos, ocultándonos en aquellos personajes que las redes sociales nos facilita ser. Perdemos identidad y cada día nos cuesta más expresarnos. Nos da miedo pensar en la debilidad, pero nos olvidamos que esas cosas son humanas, que vienen con nosotros. Todo el tiempo tratamos de evitar las resoluciones fáciles, obvias, porque no queremos parecer sencillos, pensamos que el ser rebuscado tiene su encanto, su chispa, su etiqueta. Pero el retorcido tiene identidad propia y no la copia ni la finge.
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