Qué pasa cuando sentís que se te quiebra la vida? Que no tenes a dónde escapar? De pronto tu cuerpo se vuelve pequeño, el mundo te ahoga y no tenes donde correr. Todo, todo se te escapa de las manos, te sentís inmóvil, no reaccionas, piedra tras piedra cae sobre tu cuerpo, el peso te tumba. No hay nada alrededor, pero sabes muy bien que algo está detrás tuyo y te pones a pensar que carajo estará pensando. Qué voy a hacer? Cuándo pasará el tiempo más rápido? Cuándo voy a despertar? Pero sabes que todo es real, que no es un estúpido sueño, todo paso, rápido, pero paso. Hecho una bola, pegado a la pared, cruzas los brazos sobre las rodillas para poder apoyar la cabeza y quedarte mirando la nada misma. Porque, qué mierda importa si lo que están pasando en la tele te gusta, si la música que estás escuchando te llega? No ves, no oís, no hablas. Con recelo miras una y otra vez el reloj, pero la puta aguja no decide pasar más rápido. Entonces empezas a recordar las ganas que tenias de hacer tales cosas, como te comiste los sesos perdiendo un poco más de tu tiempo para producirte bien, de las ganas que tenias de sorprender, de dar una alegría. Pero no, no importa con cuanto tiempo lo planees, siempre termina saliendo todo mal. La desilusión te abre las puertas con una cómoda cama tendida a sus pies, para verte desmoronar, para absorber esas lágrimas que recorren tu cara, mientras te ofrece papeles porque la muy turra no te va a limpiar los mocos.
La cara duele, duele el alma, y duele saber cuán importante es alguien sin antes sentir un vacío que te deja en la nada, que te hace sentir nada. Y que feo es sentir nada, porque no expresa nada, porque no se moviliza por nada, no se preocupa por nada.
Nunca más quiero sentir nada...
No hay comentarios:
Publicar un comentario