La destrucción había sido absoluta, no quedaba nada. Cada
uno había cumplido con su papel. La misión? No dejar nada. El recuerdo era una
palabra que se había enterrado junto a millares de personas. El apocalisis no
había llegado desde el exterior, si no que exploto por dentro, desde nuestras
propias raíces. El desprecio, la ira, la irracionalidad, la sed de ventajas y
proporciones desmesuradas, las creencias racistas, pedantes y pregoneras
arrasaron con todo lo que encontraron.
Empezar de nuevo era una meta, la visión de un nuevo
futuro, creado por aquellas mismas personas que exterminaron todo por una
obsesión. Si se mataban, quién quedaba para poblar y comenzar de nuevo con la
humanidad? Nadie, verdad? Llevaría cientos, miles o quizás millones de años
volver a evolucionar sin saber a ciencia cierta si se cometerían los mismos
errores y si volvería a ver una revolución como tal. Ciertas discusiones, como
si era buena o mala la naturaleza humana,
si vivir en sociedad mantiene o quita valores, éticas de comportamiento,
reglas. Quién olvidaría que estas fueron creadas por la misma sociedad?
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