martes, 29 de marzo de 2011
La Carniceria
La carniceria era eminente, la ciudad entraba en panico y nadie podia descubrir quien era el autor de esas atrocidades. Lo último que iba a saber yo, era que me iba a llevar ese secreto a la tumba...
Como redactora de la seccion "rarezas locales" de un diario, cuyo nombre les puedo asegurar que no tiene relevancia, estos hecho me habian tomado por sorpresa, ya que pertenecian a la pagina de policiales, pero por lo brutal y morboso que se tornaba cada asesinato, a las autoridades policiales les resultaba muy difcil porder avanzar con el caso, este se les estaba yendo de las manos, y la gente ya empezaba a ser justicia por mano propia. Como jugada polìtica, al diario se le obliga desvirtuar un poco la situación, para que la población e olvidase un poco de lo ineficaz y patetico que estab siendo las operaciones policiales. Para ese entonces ya empezaba a hablarse de algùn alma abandonada en busca de venganza, o un muerto levantado de su tumba con un fuerte edor y con sabor a muerte. Sea lo que sea, por exigencia tanto del poder político como de la agencia, debia de invertigar para poder dar con el paradero de"zombie asesino" y agregar un toque de cuentos de fantasmas y brujas para poder sacar algo gracioso y hacer olvidar a la poblacion esta ola de extermiños que se estaba propagando como un virus.Yo, que de investigadora ni un pelo tenia, me encontraba perdida por completo, si bien este tipo de masacre que estaba ocurriendo en estos dias, se me hacia parecida a miles de historias ya leidas y hasta exhibidas en los cines, solo la creia ficticias y me costaba comprender que hoy en dia esto sucedia de verdad.
Si bien no estaba de acuerdo en hacer olvidar, por asi decirlo, a las personas sobre lo delicado del paronama, el trabajo era trabajo, y sin ello, yo no comia, asì que tuve que poner manos a la obra. Saliendo a dar unas de esas caminatas de inspiración, las cuales me resultaban refrescantes para mi cabeza, se me cruza en medio de mi camino un señor con un sobretodo gris y un pañuelo sobre su cabeza. De mirada tenebrosa y aspecto calaverico, me pregunta si yo era la redactora de la seccion "rarezas locales". Dudando en contestarle si en verdad lo era, en mi cabeza se prendia la lamparita, pensando que ese podria ser el personaje de mi historia, y que de eso seria muy facil unir un par de piezas, y sacando un poco de aquí y otro poco de alla, crear una buena historia para la redacción. No conforme con las pregunta que me habia hecho el hombre y viendo que el hombre se había dado cuenta de lo que estaba tardando en contestar una simple pregunta, agrega una explicación bastante válida para que de mi boca saliese instantaneamente un rotundo y consistente ¡sí, soy yo! Ese hombre tenía toda una historia por detrás, habia presenciado una de las últimas carnicerias provocadas, las cual fue una de las más brutales. Esta se trataba de cinco menores entre edades de unos doce a dieciseis años, con sus cuerpos violados, desgollados, algunos con las extremidades completamente hechas carne picada, otras con el estomago por fuera, y otras ahorcadas por su propio intestino delgado. Sin duda unas de las mayores carnicerias que había sucedido en esa oleada de asesinatos.
Este hombre buscaba como loco cualquier tipo de refugio, menos el policial, cualquier persona que se atreviese a protegerlo de este asesino, ya que decia que este lo habia visto, mientras él, agachado por la ventana, miraba completamente congelado la escena del crimen.
En ese momento, mi vida yacia en una soledad absoluta, me habia quedado huerfana, nunca me habia casado, e hijos tampoco habia tenido, y eso que en mi vida habia pasado por muchisimas manos, asi que ni "suerte" para eso había tenido. En conclusión, sinceramente lo que menos temia era que viniese un carnicero a clavarme un cuchillo, arrancarme los sesos y extriparme los sentidos. Asi que accedí a ofrecerle mi proteción a cambio de su historia.
Lo lleve para la redacción y de ahi derecho para mi oficina. Le ofrecí una taza de café como para calentar un poco el ambiente y procedí a recoger mi cuaderno de notas y mi bolígrafo favorito. Su rostro reflejaba temor, terror, pero su mirada, su mirada destilaba cierto brillo que realmente desconcertaba todo gesto y rigidez en su rostro. Si bien me llamaba la atención, no le reste mucha importancia, quizas deberia de ser una mirada la cual había estado derramando lágrimas, otra cosa no se me podía ocurrir.Escondido en el cajón del escritorio, llevaba prendido mi pequeño grabador, el cual me servia para anotar aquellos pequeños detalles que al escribir se me pasaban. Normalmente este siempre yacía escondido, porque muchas personas a las cuales les tomaba sus testimonio, no accedían a que los grabase, a sea por miedo o vaya a saber uno por que!
Esperando al que hombre se sientiese cómodo en un ambiente desconocido, procedo a pedirle que accediera a compartir su historia conmigo, asi yo por fin podria terminar ese articulo tan deseado por los poderoso. El hombre con voz temblorosa empezó a contar su historia. De sus nervios, clabava una y otras vez el corta pluma sobre la mesa, ese tintineo me ponía un poco nervioso más lo que me estaba contando, me estaba volviendo loca! Me estaba contando todo, el proceso del los asesinado, detallando cada victima, cada utensillo que se había útilizado, todo. Eso me estaba empezando a asustar, lo contaba con tal delicia cada suceso que me parecia que él había sido el autor de tales hechos atroces. No queria saber nada más, y lo único que queria era despachar a ese hombre de mi oficina y salir corriendo hacia la falsa inmunidad de mi casa. Todo esto me estaba provocando tal revoltijo en el estomago, que miraba con cariño el tacho de basura que tenía pegado a mi escritorio. Al rato, y sin dudarlo,entre el pánico que sentía, y las nauseas que me provocaba toda esta situación, empeze a vomitar sobre el tacho. Lo último que ví en mi vida fue el vomito flotando en el tacho de basura, mientras sangraba a borbotones por el corta plumas clavado en mi yugular y completamente inmovilizada por el peso del cuerpo de aquel hombre...
La redacción estaba vacía, era un horario en el cual no había nadie, era el crímen perfecto, eliminar a la persona cual lo iba a condenar.
Enterrada en una fosa común, ya que mi cuerpo ni los lectores reclamaron, sola, sola con mi historia. Pasaron un par de años, mi alma sigue vagando sin esperanzas de descanzar en paz, solo busco que alguien se interese en investigar que me paso, que nos paso. Víctimas de una carniceria sin corazón, de un odio hacia la humanidad, de aquel creador de ultratumba, cuyo cuerpo esta formado de gusanos putrefactos, de olor a venganza y muerte, y, que de una vez por todas, entierren al hijo de puta que me mato.
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